Encendí una hoguera dentro de mi habitación; desde entonces sueño con tulipanes de india floreciendo en el parque de un pueblito bullicioso, mangos de manila y granadas que estallan en la boca el carmín de sus semillas.
Afuera, la neblina se apodera de Garnachópolis. Crece y se asienta este contraincendio; con él, F se desvanece poco a poco. Aparece de pronto, en el caos del día, con su ropa de flores, hablando al aire, luminosa, para desaparecer en cuanto me acerco.
Sueño con un río sin peces y con un lago donde reposan su vuelo aves migratorias que unos adolescentes cazan con escopetas viejísimas de un solo tiro. Sueño que salto sin alcanzar el suelo.
noviembre 2020
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