Santiago entra a casa de mi madre y exclama: huele a Acatlán.
Yo pienso en esa palabra como un sinónimo del pasado y de la infancia. Huele a parafina y a cocina siempre en trajín, a tortillas recién hechas y a mole de viaje. En los últimos años huele a polvo acumulado, a telarañas y a agua de lluvia que corre sin mirar atrás.
diciembre 2020
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