La señora M ha vuelto. Antes del mediodía llega a mi lado y pone un beso en mis sienes. Un beso casi etéreo, que me atraviesa el cráneo.
Con sus labios a cuestas recorro el día hasta alcanzar su orilla oscura. Entonces apago las luces de la habitación, evito el ruido como un animal asustado, e invoco al sueño, que tarda en venir.
noviembre 2021
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