miércoles, 26 de abril de 2023

085

 

Hay días en que el Chino se embriaga y se sube a lomos de la nostalgia y mira el mundo desde la altura que ese caballo le da a todo hombre cuando por fin se sabe solo y sin asideros que le garanticen suavidad en la caída. En esas tardes, en esas madrugadas, coge el celular y llama.
Ahora mismo acaba de llamar, y habló entrecortado de los días en que la coincidencia geográfica nos hermanó y luego nos puso a caminar por rumbos diversos. De la posibilidad de compartir, de nueva cuenta, un trago de mezcal y música de arrabales, de la locura permanente y del orgullo que lo sostiene cuando sabe que está por tropezar. A todo le he dicho que sí.
¿Quién soy yo para decirle que también echo de menos esos días en que el alcohol y la adrenalina marcaban la pauta de nuestros relojes, pero ya no me bastan? Que también suelo mirar la vida trepado a hombros de la desesperación y el miedo, pero no sabría volver mis pasos, porque las cosas se quedan pequeñas a la distancia y son precisas nuevas formas de dejarse morder por la angustia y enloquecer y estrellarse en las bardas fugaces de la eternidad.

diciembre 2021

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