Es martes, pero en el fondo de mi cama aún es domingo.
Sin el bullicio del mercado, sin la colorida fiesta de las calles, sin el carnaval de olores inundando el aire, sin la promesa inocente de algo incierto que reinicia, rumiando a solas como animal voluntariamente enjaulado, nada queda para desear la llegada o el final necesario del domingo.
diciembre 2022
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