Cuando uno parte se lleva sin saberlo un paisaje y una imagen del mundo en la maleta. Pueden pasar años sin que se sepa de la existencia de ese agregado al equipaje. Es cuando uno vuelve que por fin se manifiesta. Uno vuelve a casa, a la Itaca particular, y encuentra las cosas distintas, los rostros extraños, otra coloración en las fachadas de las casas del pasado. Con el tiempo a cuestas uno busca con ansia lo que dejó en el pasado, que ya no existe porque cambió desgastado por el paso de los años. El ojo y el corazón tratan de encajar el nuevo paisaje con el que pervive en la memoria, infructuosamente. Esa es la nostalgia del viajero.
febrero 2023
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