Cuando abro los ojos, la luz se ha ido. Son las tres de la mañana y entre las nubes alcanzo a ver los cuernos enrojecidos de la luna menguante.
Pienso en las madrugadas en que bajaba al río crecido a atrapar esos peces pequeños que aquí llaman sardinas para comerlos después de asados en comal. Recuerdo aquella vez que estuve a punto del ahogo, en la primera vez que un arma asomó su ojo hacia mi rostro, y sé que no cerraré los ojos ni me perseguirá el hambre hasta bien entrada la tarde, apenas lo suficiente para perpetuar la sobrevivencia.
marzo 2023
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