domingo, 23 de abril de 2023

015

 Después de unos kilómetros, no hay ni rastro de lluvia, acaso una sospecha.

Me duelen músculos que no recordaba que existían. Echo de menos a una mujer que no quiero nombrar pero cuya voz suena al oleaje adormecido del mar al alba.
Cuando vuelvo a casa, la lluvia persiste. Aquí no para nunca de llover, aunque no llueva.
Poco después de cerrados los ojos, me despierta una pesadilla breve. En el sueño, una voz que me es familiar me llama pero con otro nombre. Luego posa la asfixia sobre mi garganta.
Despierto y los perros de la calle han dejado de ladrar, no pasa ningún carro en la avenida cercana. Le pongo bozal al miedo, le acaricio el lomo, pero mi calma anda lejos, buscando frutos en los duraznales del tedio.
Después de unos minutos, no hay ni rastro de mi angustia, acaso una sospecha.
 
agosto 2020

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