Como la humedad en una casa abandonada al descuido y las ratas, el silencio llena las paredes. Quiero decir que no faltan ruidos: los vecinos suben y bajan con estrépito sus escaleras, la noche no deja de escupir disparos, las mañanas se llenan de acordeones y letras que hablan de desamor, el agua corre por las tuberías.
La casa, quiero decir, es yo; la humedad que crece ensordecedora por las paredes desnudas de los días, es esta imposibilidad de articular palabra, pese a todo.
agosto 2020
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