Tranquilamente, como viejo hechicero, como alquimista de cocina preparaba una sopa cuando llegaron a asaltarme la nostalgia y sus compinches. Arriba las manos, dijeron, esto es un asalto. No alcancé a mirarles el rostro embozado, pero sé que eran ellos.
No tenía la cartera conmigo, sin embargo sé que algo se llevaron consigo. Dejaron en cambio, como una ofrenda, una mandarina, mezcal y música que salta de una herida a otra.
En la azotea ladra y aulla y brincotea la perra depresión.
octubre 2020
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