Vuelve. Vuelve con las ocho letras de tu nombre a acariciar al gato arisco de mi ego, como aquella tarde en Puebla, mientras naufragábamos en un mar terso de cerveza oscura.
Tú eras imán y yo necia limadura de acero que se negaba aunque lo deseara desaforadamente a caer en el torrente de tu fuerza de atracción.
¡Ah, ciudad de los conejos, me duele y me deleita que seas tan pródiga en evocaciones!
octubre 2021
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