En ciudad Bosh i'l, anclamos una noche nuestro deseo a dos pieles. La misma habitación que ochenta y nueve meses después me vio dormir, sobrio y sin más compañía que los recuerdos.
Unos cien metros calle abajo, el río y sus sabinos invocaron el fantasma de una mujer que quiso enseñarme a bailar punta, que me hablaba de frutos de nombres extraños en un país que alguna vez pensé en visitar. Para buscar la aventura y a ella. Pero si la aventura se encuentra apenas removiendo algunas piedras, ¿dónde, insensato, pensaba comenzar la búsqueda de su espalda llena de pecas, su nombre que se comió la bruma del olvido?
octubre 2021
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