miércoles, 26 de abril de 2023

060

 

A mediodía, viajo colgado en la batea de una camioneta de ruta; al pasar cerca del basurero pienso en esa historia que a veces también yo suelo contar como un chiste pero que en realidad es, si uno se detiene a pensarlo un poco, bastante truculenta. En lo macabro que es que llame a risa.
En lo mucho que se parece a esa historia de Shirley Jackson, Los veraneantes.
La historia es la siguiente: en un pueblo un hombre perezoso es emplazado por la asamblea a trabajar para sostenerse, pues ya nadie quiere hacerse cargo de él. El hombre, llamémoslo Ignacio, decide que prefiere lo sepulten antes que trabajar; acto seguido sus vecinos comienzan a organizar el sepelio.
Cuando se dirigen al cementerio, con el ataúd a cuestas, a medio camino un samaritano que seguro estaba ausente cuando todo sucedió pregunta quién ha fallecido.
Al enterarse de lo que sucede, horrorizado, ofrece su cosecha de maíz a Ignacio, que la rechaza porque no quiere el trabajo de desgranar las mazorcas, a lo que exige se reanude su funeral.
Un poblado entero, o su mayoría, acepta la decisión de un hombre, organiza y lleva a cabo el enterramiento de ese hombre que aún está vivo. Más allá de la pereza del ficticio Ignacio, la disposición y determinación de la asamblea de acatar su deseo es por sí misma, oscura y brutal.
 
octubre 2021

No hay comentarios:

Publicar un comentario

  la tarde se interrumpe con el sonido de un altavoz: hay pan caliente en la casa del señor José. luego vuelve el trinar de las aves, el r...