Atravesar la sierra por tu beso. Anegar la memoria con la palabrería burda, rebuscada y cursi de quien ha empeñado su corazón ante el agiotista despiadado de la distancia. Con tasas de interés impagables, se va perdiendo poco a poco el derecho a ese ubicuo pedazo de carne, a la parte que decidimos, atrabiliarios, estaría destinada a los asuntos del cariño. Entonces, ya despojados, lo encontramos un día en un mercado de remates, yéndose con el primer postor. No el mejor, el primero que arriesga una oferta, apenas por encima del mínimo, y ya está: se ha entregado de nueva cuenta. Pero es algo que ya no nos pertenece, sobre lo que no ejercemos ya ningún gobierno. Colonia rebelde, el corazón, esa oficina, declara su autonomía y su declive, y muestra la garra llena de hongos.
octubre 2021
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