La última vez que visité el parque Macuiltepetl, el Otro iba conmigo. Su curiosidad de niño para siempre solo nos llevó al fondo descuidado del cráter, a buscarle una salida fuera de los senderos apenas adivinados en la maleza. Desde el mirador, embelesados, nuestros ojos se emborracharon de paisaje: el pico de Orizaba, el cofre de Perote, la promesa del mar por el camino de Alto Lucero y las montañas de Naolinco.
En el viejo y raquítico herpentario, que está casi en la cima del cerro, poco después de maravillarse con las aves de presa pero sin atreverse a fotografiarse con ellas, el Otro lloró inconsolable con mis ojos al encontrar en una vitrina polvosa los restos mutilados de la última águila Arpía de Veracruz.
noviembre 2021
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