Todos los días, un caradeniño aparece flotando en el agua del tanque. Como un suicidio colectivo que se lleva a cabo lenta, sistemáticamente. Que raya en la desidia. O como un sacrificio ritual para saciar el hambre de algún dios cuya crueldad requiere ser dosificada, meticulosa. Una ofrenda a perpetuidad de ahogados en el altar de un pequeño tanque de concreto en una casa a orillas de lo que alguna vez fue selva.
noviembre 2021
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