No es el frío lo que me despierta por las mañanas. Se mete bajo la cobija, enreda sus dedos entre los hilos de la hamaca y rasca mi espalda con helada delicadeza
Apenas tocado por su invisible carne, tirito, llega a mi nariz el olor del otoño en tierras más altas, el aroma que dejan los últimos vapores del año al disiparse, los cristales del invierno creciendo desde debajo del suelo, y la cocina de mi abuela impregnándose de chocolate y atole de piña.
Pero no es el frío de estos días lo que me pasa la mano por el pelo y lo ensortija, alejando el sueño y sus demonios que corren a esconderse apenas abierta la rendija de los ojos.
noviembre 2021
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