¿Para qué escribir? Pregunta alguien un instante antes de que se cierre el foso del sueño (el sueño es un pozo con su brocal, pero está seco, sediento digamos), y el eco resuena en las paredes. La caída es larga, casi interminable, silenciosa en su golpe final, de tan lejana.
No hay respuesta porque despierto. No sé si habría respuesta de permanecer en el terreno de lo onírico.
Hay que escribir, pienso entonces, en el desierto; que el viento y la esquiva lluvia borren todo, que trascienda lo que no se lleve en su mandíbula la erosion.
O no hacerlo.
No escribir con el temblor abstinente del que anhela a cualquier costo verse impreso, como el yonqui que anhela inhalar una raya de polvo, sin importarle sea una mezcla de talco y calmantes para caballo o colombiana sin cortar.
noviembre 2021
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