Llovizna pero sobre la lámina el estruendo de las gotas hace pensar en un aguacero violento.
Escucho a Satie. No lo entiendo, en general no entiendo de música. Pero la música de Satie me abraza. Me ha tendido la mano en ciertos momentos de angustia o de confusión.
Como en esos momentos, también ahora pienso en ese poema de Francisco Hernández, De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios, y esa sección en la que se marca el punto crucial de su locura:
El pianista cubre de rosas el teclado
No le importa el perfume. Lo hace por las espinas.
noviembre 2021
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