Anclada la noche en el firmamento, se oyen disparos. Cerca. Pienso que una bala bien podría extraviarse y hallar refugio en mi carne, así que apago la luz.
Ya pertrechado en la segunda planta, oigo una voz que me invita a embriagarme, encuentro un texto que me toma de la mano y me lleva al patio descuidado de la nostalgia.
Pero en este caserío no hay venta de cervezas, so pena del despojo o del exilio.
noviembre 2021
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