viernes, 28 de abril de 2023

092

 

Sucede que algunas veces, al hablar, una palabra se me diluye en el camino de la sinapsis a la vocalización. Sé, por ejemplo, que hablo de ese artefacto de madera con cuatro patas y una superficie plana y rectangular sobre la que se colocan los alimentos o los folios en los que uno escribe oficios que después de ser entregados en fúnebres oficinas acumularán polvo hasta el fin de los tiempos; se sabe que en ese artefacto, algunas noches en compañía de los amigos se han colocado incontables envases de cerveza, se ha jugado al conquian hasta perder los últimos pesos del mes, pero no se halla la palabra que le da nombre y lo delimita en sus astillas.
Entonces llega el miedo que lo empaña todo. Temor de que todo el lenguaje se diluya justo en la frontera de la boca.

enero 2022

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