No es la fiebre, es el recuerdo de tu lumbre al recorrer por dentro mi carne. De lejanos días vino como una lluvia que parsimoniosa asienta sus nubes sobre la casa y los alrededores.
No es la fiebre, es memoria de volcán lo que en este cuerpo estalla.
En las quebradizas horas en que pude tocar el sueño, te vi.
Esto recuerdo, apenas: soles oscuros mis ojos comienzan su camino frente a los tuyos, alcanzan el cenit sobre tu ombligo y hacen ocaso en el horizonte de tu pubis.
enero 2022
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