La llaman orchan o mazacua. Los hombres murciélago seguro tienen otra forma de nombrarla.
Dicen que no mata su mordida, pero donde pone el diente, la carne se pudre. Que embruja a las mujeres y es mejor ahuyentarla, dejar que viva porque se alimenta de nauyacas, que una vez, en el monte, alguien encontró a ambos animales enzarzados en una lucha que ya había perdido el segundo pues nada pudo hacer su veneno contra el abrazo de la mazacua, pero al oír los pasos de los hombres, en la sorpresa y el miedo, escupió a su presa y huyó, dejando a la nauyaca a merced del machete, indefensa como estaba, enceguecida y aturdida por el abrazo de la boa.
Todo eso dicen, poco más, los que viajan conmigo en la batea de una camioneta blanca con franjas verdes tras ver, a la orilla de la carretera, los dos metros inertes de la constrictor, atropellada o macheteada por algún cuidador de ganado.
Luego la niebla devora el paisaje detrás nuestro o nosotros entramos en su vientre, ya no lo sé de cierto.
febrero 2022
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