Con el frío, la perra tristeza viene a echarse sobre mi pecho. Con parsimonia me lame el rostro, me ladra al oído: vamos a embriagarnos, huyamos de aquí, me dice. Si me descuido, escarba en mi pecho hasta alcanzar mi corazón: le da pequeñas mordidas, como si jugara.
No quiero volver a la casa, pero me obligo a hacerlo. Quiero volver a mi patria donde nadie me espera.
Harto de sus ladridos, me pongo a cortar el tronco seco de un árbol de pan. Después de un rato de blandir el machete, la perra tristeza no se va, pero se queda quieta y en silencio.
marzo 2023
No hay comentarios:
Publicar un comentario