A veces pienso en el Otro, en las horas que pasa vigilando el crecimiento de las grietas en los muros de la casa, sé que ha vuelto a leer mis libros viejos, que sueña con salir a embriagarse por las calles, como antes, cuando vivíamos juntos y el futuro siempre fue una promesa vaga de los mayores; pienso en los cuervos que anidaron en los árboles del patio, en los aguaceros de mayo o en los tulipanes de la india que nos proveían diminutas barcas con cada floración.
Sobre todo en las tardes en que el horizonte es una muchacha que se sonroja, lo imagino en la azotea de la casa, con las aves posadas en su hombro, mirando en la misma dirección.
Entonces abrazo a la perra desesperación, acaricio su lomo, y le digo al oído, como por descuido: esta noche puedes dormir conmigo, pero no muerdas demasiado.
julio 2020
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