El mundo se moja allá afuera. Hace años que no sé lo que es una casa sin otro habitante que no sea yo.
El piso del medio está vacío, el de la planta baja es un taller donde se maquilan bolsas para los muertos y mascarillas de baja calidad para los vivos.
El mundo se humedece allá afuera. De las paredes y el techo se desliza la humedad y lo abarca todo, la pintura que se descascara, la ropa que se apila en los rincones, la madera, luego de un tiempo besa el acero y este se sonroja de óxido.
Acá adentro, mi cabeza está a punto de estallar, pero sólo pienso en la floración de los mangos, en el olor de los nísperos maduros, y en un espejismo de agua donde se ahogó mi infancia.
septiembre 2020
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