Ardo sin llamas. Llamo sin voz.
El incendio germina en mi memoria. El grito comienza con tu nombre.
¿Cómo embellecer la ausencia, si no es con el desgarro de la carne?
Primero, el desorden apenas advertido: un objeto fuera de sitio, un plato sucio que se va dejando de lado, una planta que se reseca al sol mientras los días pasan; un libro que acumula polvo y humedad en el suelo, una grieta que extiende su brazo por los muros.
Así sueño la casa donde se irguió el dolor jorobado de mi infancia ¿Qué otro orden podría tener el olvido?
septiembre 2020
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